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Por: Abog. Juditas Delany Torrealba Dugarte (*)


A partir del mes de diciembre de 2009 cuando fue centro de noticias que se establecía unas medidas de ahorro energético a través de resolución emanada del Ministerio para el Poder Popular de energía eléctrica a los Centros Comerciales, por un momento pensé que sin saberlo ya Venezuela se encontraba ante el acontecimiento de un estado de excepción y que estas sin lugar a dudas sería la primera de las posteriores medidas que se tendrían que aplicar ante la problemática que representaría la crisis energética. Pero me llamaba en el mismo sentido mucha atención que esta medida en ningún aspecto se apegaba a la normativa que rige a las situaciones de excepción y de cierto modo pensé que tal vez solo se escudaría nuevamente la excepcionalidad, en una resolución mas que trataría de ver como normal lo anormal, como sucedió con las medidas tomadas por el Gobierno ante el Paro Cívico Nacional del año 2002, la implementación del control de cambio o la intervención bancaria del año 2009 por nombrar algunos hechos que siendo en esencia anormales, se regularon por instrumentos ordinarios. Al nombrar en Venezuela, el término “Estados de Excepción” recuerda el fantasma de crisis sociales como la del 27 de febrero de 1989, la crisis bancaria de 1994 o la propia tragedia del Deslave de Vargas; lo cual crea cierto revuelo en la población.

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