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EN UN ESTADO Democrático de Derecho, la Fuerza Armada debe organizarse bajo tres principios: disciplina, obediencia y subordinación, bajo la autoridad civil del Presidente de la República para los fines que le son propios, a saber: la defensa de la integridad territorial, la seguridad de la vida y bienes de sus habitantes, la estabilidad de sus instituciones y la vigencia de la Constitución y las leyes. La Constitución de 1999 amplió las competencias y dio participación activa a los militares en el desarrollo nacional. Allí se introdujo el primer cambio sustancial en esta materia. Adicionalmente, se suprimió la disposición constitucional que prohibía que una misma persona ocupara cargo civiles y militares de manera conjunta, a excepción del Presidente.