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Alberto Arteaga Sánchez

Agradecemos a Dios por haber salido con vida del atropello padecido, que jamás será reparado

Ya nos hemos acostumbrado al espectáculo de la movilización de los órganos de persecución penal para allanar una vivienda, apresar a un ciudadano y sacarlo esposado ante las cámaras, como si fuera un peligroso delincuente, en casos de "órdenes de captura" apresuradas contra disidentes del régimen, bajo cargos etéreos de "incitar al delito", "informar falsamente", "ofender la majestad de las instituciones", o "conspirar contra el régimen", todo ello por supuestas intenciones desestabilizadoras o de atentados contra la paz pública.

Se han introducido delitos inexistentes como el "magnicidio subliminal", "suministrar noticias falsas", "cerrar vías públicas" o "emitir opiniones críticas al régimen", todo ello ante acciones inocuas que constituyen el más transparente ejercicio de la libertad de expresión o la difusión de pensamientos u opiniones que no pueden ser castigadas penalmente en un sistema de liberta

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